Desde el inicio del tiempo existió la buena y la mala gestión.

En el principio fue el reinado de las grandes gestiones, cuyas hazañas quedaron para siempre en la memoria colectiva defendiendo a los indefensos, a los sin voz, a los necesitados de siempre combatiendo todo tipo de injusticia.

Pero con el paso del tiempo un extraño cambio dio vuelta la historia.

Algunas grandes gestiones fueron mutando, vendiendo sus lealtades, engañando a quienes los habían elegido para defenderlos, traicionando a sus propias palabras, pensando en su beneficio propio, olvidándose de todo y de todos.

Ya nadie sabía a quien creerle, cual era la mala y cual era la buena gestión.

Y fue así que surgió la otra gestión…la gestión que se pregunta, la que se cuestiona, la que está en contra de nadie y a favor de todos.

ESA GESTIÓN ESTÁ CRECIENDO EN ESTE INSTANTE...

martes, 18 de junio de 2013

Palabras de junio...




VERTE
Junio 2013

Algunas veces quisiera que desaparezcas.
Solo quisiera que seas un momento en el día, un instante en el cual pensarte, pero no imaginarte.
Porque imaginarte sería verme tan frágil y asustado.
Tan inseguro y abrumado.
Algunas veces quisiera que desaparezcas.

Para empezar a verte y así poder empezar a verme… 


LO HARÍA
Junio 2013

Si pudiera decirte quien soy te lo diría.
Si pudiera esconderme en el árbol más alto o en el mar más profundo no dudaría.
Si pudiera hacerte desaparecer por un instante, ni lo pensaría…
Si pudiera seguir creyendo seguiría caminando entre las vías,
si esta noche me encuentra pensando simplemente que haría, sin esperar nada a cambio, solamente una salida. Simplemente lo haría.  


ALIMENTAR EL DESEO
Junio de 2013

Hablarle a la ausencia, abrazar al silencio
ahuyentar el pasado, reírme del presente
brindar con lo desconocido, tentar a la suerte
desplegar velas, ajustar sueños, vivir del olvido.
Pensar una canción, medigarle a la frustración, alcanzar el vagón
demandar al tiempo que me dejó esta sensación de confusión
nadar entre los recuerdos sin mojarme.
Alimentar el deseo.  

sábado, 27 de abril de 2013

Universo




Universo - Febrero 2013
Había algo en sus ojos capaz de traspasar cualquier palabra que pudiera decir.
Fue un momento en el cual me sentí atomizado, eclipsado, no por su presencia, si no por su sola mirada. Ella escondía un universo en esos dos pequeños redondeles con pupilas que hacía que mis nervios se calmaran y mi corazón latiera con más velocidad a cada momento.
Había algo allí: Un futuro, una visión, un algo y yo lo podía ver, lo podía admirar y aun así me daba miedo saberlo todo.
Porque todo lo que había en su interior no me pertenecía, pero quería formar parte, ser uno en sus ojos para poder ver lo que ella veía, para mirar su universo aunque sea por un instante. Ese instante en el cual me ví tan lejos y tan cerca de la vez.    

Juan.- 

lunes, 4 de febrero de 2013

El odio que me dejó el amor de Carolina (Pánico y locura en la red social)




Me juré a mi mismo nunca hacerlo, jamás, aunque mi vida dependiera de esa transcendental decisión. Sin embargo lo hice por dos simples razones: La primera porque no juro muy seguido siendo un ateo tirando a agnóstico y la segunda… Porque soy un pelotudo.
Mi vida con Carolina no dejó más que el sucio y frágil recuerdo de nuestra separación. A lo largo de casi dos años de relación, el momento que más viva la sentí fue cuando me pidió, de una manera poco elegante, que nos dejáramos de ver. Dejándome cálidas y apasionantes frases como: “Sos un egoísta” “Siempre pensas en vos mismo” y la mejor de todas: “Vos siempre ves el árbol pero nunca el bosque” Y claro, como mierda voy a ver el bosque si vivo rodeado de edificios y pavimento. En ese momento pensé que ella estaba loca y yo me sentía, por primera vez, un pelotudo.
El tiempo pasó y estuve mucho mejor, pero todavía había algo que tenía que saber. Una duda… Esa duda que me juré a mi mismo nunca resolverla. Me encontraba en una encrucijada, en un callejón sin salida, en un… En fin, tenía que saberlo. Entonces en ese momento tomé mi computadora, me prendí un cigarrillo, rompí mi promesa y entré a Facebook.
No tenía ninguna notificación, ningún mensaje ni nadie que quisiera ser mi amigo en ese momento. Estaba limpio. En el muro general no aparecía nada interesante, tampoco me importaba, entonces sin más preámbulos busqué su nombre en la barra de “Buscar personas, lugares, cosas”. Estaba dispuesto a dar el primer paso.
Tecleé textualmente “Carolina Sztajnszrajber”. Si, ese era su apellido, extraño si los hay. Ni siquiera en nuestro mejor momento supe si quiera pronunciarlo, menos escribirlo. Recién al año pude decirlo correctamente y lo escribí a la perfección dos meses antes de que me deje ¿Curioso no? La vida es buena pero injusta.
La puta madre, no estaba. Se que tenía, porque alguna vez fui “su amigo” pero luego de romper nuestra relación también rompió “nuestra amistad” en la red social.
¿Por qué carajo no me aparecía? Los únicos Sztajnszrajber de la lista eran Nicolás, Eduardo y María. Primos y hermana respectivamente. Además de un grupo llamado “Los Sztajnszrajber del mundo” que tenia un par de afiliados, pero el nombre de Carolina también brillaba por su ausencia.
¿Se habría borrado del Facebook? Siempre me decía que no le daba mucha bola a esas cosas, que entraba de vez en cuando para buscar amigos y compañeros que hace doscientos años que no veía para preguntarles que fue de sus vidas y luego nada. Ver fotos de sus amigas y poner mensajes de poco vuelo en los cumpleaños de sus contactos que jamás en la vida dió para llamarlos. Básicamente hacía lo que todos hacemos cuando entramos a Facebook.  
No me rendí fácilmente. Pensé otra estrategia. Entrar por la hermana, María. En una de esas podría funcionar.
Entré al Facebook de María que nunca fue mi amiga pero sin embargo tenía sus fotos, su información, su mapa, sus “me gusta” abierto para todo el público, inclusive para mí. Una a favor.
María era más chica que Carolina. En dos años no la vi muchas veces pero Caro siempre me habló de ella preocupada porque estaba por dejar de ser una niña para convertirse en una adolescente rebelde sin causa y bien boluda. Empezaba una nueva etapa en su vida: Las salidas, el escabio, el sexo. María le preguntaba sobre las pastillas anticonceptivas y Carolina pareciera que le agarraba un ACV. Yo siempre me reía, simplemente porque nunca supe bien que decir al respecto.
No me detuve mucho a ver sus fotos y esas cosas porque no daba, además me sentía un pedófilo. Todavía era una pendeja y yo me cogía a su hermana, no daba. Preferí pasar a los amigos y nuevamente volver a teclear “Carolina Sztajnszrajber” ¿Y que pasó? ¡Apareció! ¡Qué hija de puta! Bien escondida estaba ¿Se cortó el nombre? ¿Por qué aparece como Caro Sztajnszrajber? Todas estas respuestas y mucho más en el renglón de abajo.
Dicen que las mujeres cuando se divorcian sufren un cambio radical y estético para estar más lindas, renovadas, etc, etc ¿Podría ser Carolina un claro ejemplo de esto o la excepción que confirma la regla? Quizás me podría encontrar con una ex novia dejada, fea, triste y angustiada… Sería un alivio para mí. Pero también me puedo encontrar con una ex novia que esté más buena que encontrarme dos millones de dólares en la calle.
Lo estaría a punto de averiguar. Estaría solamente a un clic de traspasar un límite del cual quizás no pueda volver jamás ¿Estaría dispuesto? Ya fue…
Como era de esperar el Facebook de Carolina, a diferencia del de su hermana, estaba casi todo cerrado con llaves. Su muro, información, sus me gusta, fotos. No había nada, solamente su foto de perfil y el de la portada (Esa que es gigante que aparece como un telón detrás de la foto de perfil). No cambió nada. La foto era la misma de cuando era mi amiga en la red social y la portada era un cuadro Picasso que siempre le gustó. Nada nuevo, lo único que cambió en este tiempo fue el nombre, que en realidad se lo acortó, igual le quedaba bien.
Un poco más relajado al haberme sacado la mochila de la duda, me prendí otro cigarrillo y empecé a cliquear su página sabiendo que no podía entrar a ningún lugar y eso me hacía sentir muy bien porque no hay nada peor que la verdad revelada, pero lamentablemente para mi esta verdad iba a dar la cara.
En un rapto de idiotez propia pongo la puta flechita del mouse sobre la foto de perfil de Carolina y por arte de magia se abre. No fue para tanto, solamente maximicé la foto que ya conocía y que nunca cambió… ¿No fue para tanto?
Al costado izquierdo de la foto de perfil agrandada encontré para mi sorpresa un “me gusta” de una persona… De un hombre… ¡De un flaco! Nunca antes lo había visto. Inclusive nadie, ni siquiera yo le había puesto en su momento un me gusta a esa foto… Este era el primero. No tenía la fecha, solamente un nombre: Fede Schvarztein.
Prendí otro cigarrillo y me dije a mi mismo: ¿Quién es este naipe? ¿Será algo de Carolina? Seguido a ¿Estaré dispuesto a traspasar otro límite al cual quizás no pueda volver? Nuevamente entré en la duda.
Dos segundos después me dijo otra vez a mi mismo, “Ya que hice treinta, hagamos treinta y uno” Le di clic y entré al fascinante mundo de la especulación y el morbo de la mano de un tal Fede Schvarztein.
Era un tipo, eso era algo obvio y no porque lo dijera su información completísima. Su foto de perfil era un primer plano de su cara con sonrisa de forro. Y ahora que hice treinta y uno, hasta los cien no paraba.
También tenía el perfil abierto para que cualquier pelotudo como yo lo viera. A ver… Información: Hombre, nacido el 13 de julio pero no dice el año (seguramente porque está hecho mierda) estudió en la Universidad de Cine… Perfecto, estaba en presencia de un ridículo cineasta cool que seguramente hacía cortos que a nadie le interesan porque son una mierda inentendibles y que su único futuro posible será perder el resto de su vida laburando en una oficina de traje porque la vocación se le fue a la mierda por querer ser un “artista”.
Me agité, me levanté, fui a la cocina, me prendí un cigarrillo y me traté de tranquilizar. Le di dos pitadas y volví a sentarme frente a la computadora. Tenía que seguir.
¿Puede Fede Schvarztein estar curtíendose a mi Caro Sztajnszrajber? Hasta los nombren daban para eso: “Sztajnszrajber y Schavarztein la historia del garche del nunca acabar” ¿Puede que estén garchando o quizás sean pareja o peor aun… Matrimonio? Me estaba complicando demasiado, quizás sean solo amigos que se conocieron en unos de sus grupos de Facebook onda “Tengo el apellido más indescifrable del mundo” o “Nadie en la puta vida pudo escribir mi apellido” Cualquier cosa podía ser posible.
¿¿1763 fotos?? ¿Puede alguien en esta vida haberse sacado 1763 fotos? Quizás este naipe sea el primero.
A lo largo de diez minutos recorrí 567 de sus fotos y no aparecía Carolina. Me fijé en sus álbumes y por suerte no encontré más que cosas trilladas onda: “En rodaje” “En Europa” “Summer” “Soy forro de mierda que me hago el cool a pesar de tener esta cara de tarado” Ese último no lo encontré, una lástima
No contento con pasearme por la vida de este pobre infeliz vuelvo a su muro y pongo “ctrl f” y busco, otra vez, el nombre de Caro.
Carajo, aparece unas tres veces. La primera es un me gusta en una foto de perfil. Supuse que se habrán devuelto gentilezas por ponerle un me gusta a la foto de ella. Nada del otro mundo.
La segunda fue un comentario de un video que publicó hace por lo menos un mes ¿¡Un video de Emir Kusturica llamado Prnavor!? ¿Qué mierda quiere decir Prnavor? “Me encanta esta canción” le puso… A lo que él le contestó en el comentario de abajo: “Me encanta que te encante” ¡¡La concha de tu madre, le estaba tirando onda y por Facebook!! Y claro, si es un director de cine, es obvio que le va a encantar la música de Kusturica por más que sea pura mierda.
Mi pulso cardíaco se aceleró considerablemente y no contento con esto me fijo la tercera vez donde aparece el nombre de MI chica…
“Lindo, la pasé re bien con vos”. En ese momento me desbasté. Le dijo que la pasa re bien con él, a este pedazo de hijo de puta… La foto era él sosteniendo una cámara y poniendo otra sonrisa de forro con el comentario al pie de: “Terminamos el rodaje, que bien me siento”
Que mal me sentí. Ahí me di cuenta que tenía alma, que tenía sentimientos, que tenia todas esas cosas que por años las había evitado. Este momento reflotó todo.
Carolina había rehecho su vida y lo único que hice yo fue maldecir a un pibe todo el día. Me sentía desbastado, casi a punto de llorar más por el odio que por el amor que no fue. Me sentí un pelotudo, pero esta vez con todas las letras, por desobedecerme, por traspasar límites, por haber sido advertido y sin embargo lo hice y acá estaban las consecuencias… Me prendí el decimonoveno cigarrillo, me apoyé sobre la ventana que daba a la calle de mi casa y me puse a observar la nada misma. Segundos después me di cuenta de cuantos árboles tenía alrededor.        

Fin.
Diciembre 2012 


  

miércoles, 25 de julio de 2012

Textos del cajón (Volumen 1)




Crecer creyendo
Junio 2006

Creer en lo increíble o crecer sin creer,
crecer en la guerra y creer en la paz,
creer sin fe o rezar sin crecer,
crecer en las vías o creer en un tren.
Creer en los milagros o crecer siendo fiel
crecer siendo yo o creer ser otro
crecer creyendo o ser alguien que creo no ser.


Enrarecido
Agosto 2007

Sueños eres al fin
y sin el nudo de los días
te perderás en la orilla
sin fieles y muerta la sonrisa
que te lleve a tu medida
las flores que desangran la herida
sin odio pero con melancolía
desarmar el alma, trepar por la cornisa.
Sueños eres en vigilia
pacto de anestesia entre huidas
del mundo atrapado
mediando con la rutina
¿Al fin sos lo que querías?
no hay palabras si no hay osadía
no hay pretextos ni muertes ni mentiras
solo sueños y la razón enrarecida.


Pájaros y marionetas
Noviembre 2007 

Si todo el tiempo usado, perdido
si los minutos gastados, regalados
los momentos mas inapropiados, olvidados
pájaros y marionetas conviven a la fuerza
libre pero atrapado, custodiado
soluciones mágicas, esporádicas
las noticias mas confidenciales, exactas
pájaros y marionetas, cabos sueltos
conviviendo con la espera.



jueves, 31 de mayo de 2012

La concepción de la soledad






La soledad es una palabra bastante abarcativa. Soledad es un nombre (Pastorutti, Fandiño, Villamil). Soledad es un sentimiento y además un estado subjetivo entre tantas otras cosas.
En el principio del mundo, Dios creó a Eva porque Adán se lo pidió para no quedarse solo en el paraíso. Entendemos entonces que el primer hombre que habitó el planeta ya entendía a la soledad como falencia.   
Muchas años después, los monjes de ciertas congregaciones como “Los cartujos”. Orden contemplativa de la iglesia católica fundada por San Bruno en el año 1084, entienden a la soledad como la búsqueda de Dios “La soledad interior o la soledad del corazón”.
La gran mayoría de las personas entendemos a la soledad como lo interpretó Adan: Como una falencia, una falta, como la falta de una pareja, de amigos, familia, de alguien que no nos haga sentir esa soledad como un mal sentimiento. Eso quizás sucede porque culturalmente nadie nos enseñó que la soledad también es una opción. Nadie nos enseña a estar solos porque la gran mayoría de nosotros hemos crecido y vivido en comunidad y lo que es peor, la propia sociedad nos hace entender que eso está mal.
Entonces es también una decisión. Es algo voluntario ¿Pero que sucede cuando esa opción en algún momento de nuestras vidas se vuelve difícil de llevar adelante?
Aristóteles decía que para vivir en soledad hay que ser o un animal o un Dios.
En cambio la soledad para el artista ha sido desde siempre muy productiva en cualquier rama del arte.
La soledad y el desamor han sido grandes influencias y fuentes de inspiración y creatividad en el arte porque ¿Cuántas canciones de desamor y soledad se pueden escribir estando enamorado y felizmente en pareja? Ninguna. Porque las grandes canciones de corazones rotos se han escrito cuando se ha tomado a la soledad, no como una opción, si no como un sentimiento. Un sentimiento de mierda.    
Estar solo es malo porque todos queremos ser queridos y aceptados a nuestra manera. Todos buscamos al compañero o la compañera. Todos buscamos un grupo de pertenencia para no sentirnos tan solos en un mundo rodeado de tantos desconocidos.
Hasta las acciones del individuo cambian cuando son acompañadas, por ejemplo: Si uno escribe un libro en solitario es el autor, ahora si lo escribe con otro es el co autor. Si uno se mata se considera como suicidio y si uno se mata con la ayuda de otro se lo considera suicido asistido y así la lista de acciones son interminables.
La soledad como sentimiento de falta por momentos se hace muy difícil. Y mucha gente hace lo que sea para no experimentarlo por miedo, por no poder hacerle frente, porque enfrentarse a la soledad es convivir con uno mismo y eso a veces también es terrible.
Las personas muchas veces se juntan con otras más por necesidad que por propia decisión justamente para escaparse de ellos mismos y sus fantasmas que no son más que sus propias fantasías.
El amor correspondido hacia la otra persona mata la soledad, aunque también mata derechos individuales y crea dependencia. Muchas veces sana, muchas veces enferma dependencia.
No nos sentimos tan solos cuando entendemos a la soledad como una elección propia, voluntaria. Aunque muchos encontremos a esta soledad de manera involuntaria.
Porque tarde o temprano nuestras propias elecciones nos llevarán por donde nuestras decisiones lo digan.
Mientras tanto, habrá que seguir conviviendo… Con uno mismo

Juan.-
Abril 2012




jueves, 24 de mayo de 2012

Palabras para un indeciso





Fue un sábado a la noche o mejor dicho un domingo a la madrugada cuando me decidí a escribirle. Realmente no sabía que decirle ni como, ni que palabras usar. Solamente me impulsó el deseo o quizás la necesidad de hacerlo.
Me quedé mirando el teclado un largo rato a ver si salía algo. Miraba la hoja en blanco y el cursor titilando como esperando que haga algo, por lo menos que reaccione.
No me salía nada.                       
Tome mi cabeza entre mis manos y mire al techo, también blanco, esperando que venga mágicamente alguna idea hacia mí que valiera la pena ser escrita. Pero tampoco sucedió.
Los minutos pasabas y ya no sabía que hacer. Me frotaba la barba, me cepillaba el pelo con las manos y volvía a ver la hoja en blanco, el teclado y el techo pero no pasaba nada. Era evidente que en ese momento no había nada que decir.

“¿Por qué?” 

Sin darme cuenta había escrito eso. Fue un instante, sin pensarlo. No fue una boludez de momento ni una asociación, fue un impulso, una reacción. Un gran primer paso.
Me sentía más relajado porque había superado el terror de la hoja en blanco aunque ese ¿Por qué? estaba muy vacío. Era algo extraño, mezclado con minimalismo. Era absurdo porque no sabía, justamente, porque carajo lo había escrito.
En ese momento me levanté para estirar las piernas, fui a la cocina, prendí un cigarrillo y me quedé mirando por la ventana. Al rato volví y esa pregunta seguía estando allí, inerte en la hoja ahora casi en blanco junto al cursor titilando esperando que me siente y le de algún motivo de cómo seguir esta historia.
Pasando los minutos y todo seguía igual. Ya no sabía que más le podía escribir ¿Y si justamente eso era lo único que le tenía para decir? No parecía justo después de tantos años caerle con este muerto en forma de pregunta. Pero aunque pareciera extraño, a medida que fue pasando el tiempo no me disgustaba la idea de hacerlo, porque en definitiva no tenía más nada que eso. Lo que pudiera llegar a escribir después de ese porque sería relleno, papel picado, estupideces para justificar esa enorme pregunta.
Entonces me di cuenta que ya tenia el problema resuelto porque había encontrado las ganas y las palabras para hacerlo aunque fueran dos de tres letras cada una metidas entre dos signos de pregunta y un acento. Era ideal y a la vez absurdo, pero tranquilizador.
Me quedé otro buen rato contemplando la genialidad que había escrito. Me sentía grande, me sentía muy feliz y todo por muy poco. Me sentí grande porque no tuve la necesidad de justificarme ni hacerme el intelectual barato escribiendo hojas y hojas con palabras difíciles que no van a ningún lado.
Me sentí feliz porque no tuve que justificarme. Porque hasta el día de hoy sigo pensando igual que aquella vez y si lo tuviera que volver hacer lo haría sin dudarlo, aunque esa decisión me llevara, como aquella vez, a estar días y noches enteras haciéndome la misma pregunta: ¿Por qué?

Fin

Juan.-
Mayo 2012.

martes, 15 de mayo de 2012

La mala memoria




Un buen día me levanté con una extraña sensación. No fue algo perturbador, era simplemente extraño. Recordé que había olvidado algo.
Ese día me levante con la extraña sensación de que me había olvidado de sus ojos.
Sus ojos eran muy difíciles de olvidar y más de la noche a la mañana porque iluminaban, porque eran inolvidables, pero por más raro que me haya parecido, así fue.
Estuve todo el día tratando de acordármelos, mirando en los ojos de otras personas pero aun si por más que lo intentaba más en vano era mi esfuerzo.
No le di demasiada importancia y esa noche al volver a casa me dormí creyendo que los volvería a recordar.
Al día siguiente la misma extraña sensación. Pero no solo me di cuenta en aquel instante que efectivamente me había olvidado por completo de sus ojos, si no que también me había olvidado de su boca. Por consecuencia tampoco recordaba su voz ¡Me olvidé de su voz! Exclamé aquella mañana en mi habitación.
Todo era confusión. Lo que ayer creí un simple olvido, ahora me hacía asustar bastante.
Al otro día lo mismo: Me olvidé de su cara por completo. Recién en ese momento me angustié mucho, mis manos temblaban, me agarraba la cabeza, traspiraba, me sentía sumamente perturbado, buscaba una respuesta urgente, una explicación ante tanto desconcierto.
A partir de allí fui a ver a médicos, psicólogos, psiquiatras, videntes, mentalistas, pero nadie me supo explicar lo que pasaba. Llegué a pensar que no existía nadie en este mundo que me pudiera decir lo que ocurría.  
Por supuesto las noches siguientes no quería dormir, no quería seguir olvidando, me aferraba al recuerdo más inútil y absurdo pero siempre terminaba rindiéndome ante el sueño y a la mañana siguiente era lo mismo. Corría hacia el baño, me mirarme al espejo y me daba cuenta que había olvidado algo más. Ni su nombre recordaba.
El dolor ya era insoportable.
Y así pasaron los días, semanas y meses. Cada amanecer era un recuerdo menos desde los más importantes hasta los menos urgentes, desde un primer beso hasta la uña de un pie y así la lista olvidos continuaba.
Resignado de tanta angustia y confusión un día dejé de sentirme mal al punto de no importarme y aun así todos los días era algo menos que recordar.
Hasta que un buen día me levanté sin esa extraña sensación. Me sentía nuevo, me sentía inexplicablemente bien. Lo que tanto deseaba recordar ya ni sabía lo que era.
Esa mañana fui al baño, me cambié, desayuné, agarré las llaves y salí de casa como todos los días. Prendí un cigarrillo y caminé unas cuentas cuadras pensando en nada, simplemente caminando y mirando todos ojos, todas las sonrisas, todo aquello que valga la pena guardar y recordar.   
Ese buen día había aprendido a olvidar.

Fin

Juan.-
Mayo de 2012