viernes, 30 de diciembre de 2011
Utopía para el año 2012
Un corazón que late es un mundo en movimiento. Y ese mismo mundo crece en cada corazón, en cada pensamiento y a cada instante.
¡Sigamos persiguiendo la utopía. Sigamos pidiendo lo imposible!
¡Feliz 2012 para tod@s!
Juan.-
Diciembre 2011
¡Sigamos persiguiendo la utopía. Sigamos pidiendo lo imposible!
¡Feliz 2012 para tod@s!
Juan.-
Diciembre 2011
domingo, 11 de diciembre de 2011
El vuelo de la libélula (Palabras que duelen el peso de su ausencia)
Guión: Juan Varela
Edición: Walter
Voz en off: Facundo Fassón
Sonido: Facundo Lopez
Imágenes: Todos.
GESTION VARELA CORTOS 003
Diciembre 2011
Espero que lo disfruten tanto como yo lo hice haciéndolo.
Buen año para todos y nos vemos en el 2012 para contar muchas más aventuras
Salud, éxitos y sean felices
Juan.-
Diciembre 2011.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Del barrio me fui...
Una vez hace mucho tiempo leí una frase que me encantó:
“Jamás hay que volver a los lugares del pasado donde uno fue feliz”. No es
textual, pero la recuerdo de ese modo y a medida que fue pasando el tiempo le
fui encontrando cada vez más sentido hasta llegar a tener un lugar de
privilegio en mis pensamientos más frecuentes.
Un ejemplo claro puede ser un barrio. Todos tenemos fotos en
la cabeza de ese escenario de estructuras, calles y colores, pero cuando nos
hemos ido y el tiempo fue pasando, ese escenario se modifica porque la vida
misma se modifica y lo que ayer nos pudo parecer fascinante, hoy nos puede
parecer un chantaje a la memoria fotográfica. Por eso no hay que volver, para
no caer en esa idea de que el tiempo pasó (o nos pasó).
Puede ser un barrio, pero puede también que sea una persona
envuelta en ese escenario al que llamamos barrio, porque justamente fue en ese
lugar en donde yo sentí que fui feliz y tuve que dejarlo cuando decidí terminar
mi historia con esa persona.
Por supuesto que seguí al pie de la letra esa frase, porque
siento que es una verdad, la siento como propia, como una gran enseñanza. Pero
lamentablemente tuve que volver.
No pasaron años, pero yo sentí que habían pasado siglos
desde la última vez que transité esas calles y todo me pareció tan igual, tan
inalterable, tan especial.
Tuve que volver por cuestiones ajenas a esa persona, pero no
a mí. Yo sabía que estaba de vuelta en un lugar donde no hace mucho tiempo fui
muy feliz y ahora era todo tan diferente dentro de mí.
Era tener los ojos pegados contra el vidrio del colectivo
tratando de registrar todo lo que pudiera, cada persona, cada movimiento, cada
circunstancia para ver si todavía estaba allí, si realmente seguía estando esa
persona a la cual no quería volver a ver y que ahora me moría de ganas por
encontrármela.
Y todo fue tan frágil que hasta la percepción me falló y
creí verla en todos lados, en todos los movimientos y en todas las
circunstancias. Definitivamente fue el momento de mayor vértigo y locura pero fue
lo justo y necesario para reafirmar mi compromiso y fidelidad hacia esa teoría.
Esto sucedió el primer día. Ya los siguientes días que tuve
que volver lo fui tomando de otra forma menos poética y sobre todo menos
dramática, pero aun así todos los días que cruzo con el 65 esas calles y bajo
para ir al trabajo pienso. ¿Y si me la encuentro... Qué le digo? Le
diría muchas cosas, pero todas afirmaciones, todas afirmaciones que traen una
carga super emotiva. Le diría que la extraño, fundamentalmente. Le diría que
sueño con ella, que pienso mucho en ella, pero sobre todo que la extraño. Y esa
es una afirmación que no necesita respuesta. Es el mejor de los consuelos
porque no estoy esperando que me putee con la última vez o que me diga
despectivamente que se olvidó de mi o en el mejor, y más improbable de los
casos, que ella también me extraña.
Sería darle identidad a esa frase de cabecera, sobre todo en
la parte que dice: “donde uno fue feliz”.
“Del barrio me voy, del barrio me fui, triste melodía que
oigo al partir. Voy dejando atrás todo el arrabal, en mi recuerdo…”
(Ayer de Daniel Melingo)
Juan.-
Noviembre 2011
jueves, 27 de octubre de 2011
Un año sin Néstor
Hace exactamente un año atrás, la muerte de Néstor Kirchner me tomó por sorpresa igual que a todos. Al otro día, por la mañana, me encontraba en Plaza de Mayo solo, pero acompañado en el sentimiento de congoja de un montón de personas que deambulaban con la misma tristeza a cuestas que la mía.
Me acerqué al vallado para leer las ofrendas de cartulinas e improvisados papeles que por cada minuto transcurrido se iban multiplicando. No había mucho en que pensar, tampoco mucho que decir. Solamente esas consignas en las vallas y en el suelo lo decían todo.
Fue difícil estar ahí, pero más difícil fue imaginarme que podría venir, que sería de mañana, pasado o el mes siguiente. Que sería de todos nosotros cuando volviéramos a nuestras casas.
Hoy, a un año de ese momento tengo las mismas sensaciones que aquel día en la plaza. Un nudo en la garganta, llanto, dolor, tristeza. Pero se que una vez terminado este día, mañana me levantaré porque la vida continua y cada día que pase iremos entre todos construyendo el país que queremos. Porque Néstor fue solamente un hombre, pero un hombre que inspiró a muchos otros hombres y mujeres a que si nos involucramos, si peleamos por nuestros ideales, si nos comprometemos desde nuestro lugar podemos cambiar las cosas. Néstor me enseñó a usar la política como instrumento de cambio social y yo en ese momento sentí que ya no haría falta sacar las cacerolas, putear y cantar en contra de la política. Aunque tampoco me he sentido un “soldado del pingüino” ni siempre estuve a favor de alguna de sus políticas o funcionarios, sin embargo, yo creo en este proyecto. Creo en los miles de jóvenes que como yo que tomamos esta hermosa conciencia de transformación, este valor de comprometernos por lo que sentimos.
Hoy la política no me es ajena, porque yo, nosotros, somos la política y eso es algo para agradecer.
¡Gracias Néstor!
Juan.-
27 de octubre de 2011.
Hoy la política no me es ajena, porque yo, nosotros, somos la política y eso es algo para agradecer.
¡Gracias Néstor!
Juan.-
27 de octubre de 2011.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Su nombre en el buscador
El buscador Google me dice que encontró su nombre en unas 10.050 páginas en 0,06 segundos aproximadamente.
Muy de vez en cuando caigo inevitablemente en estas búsquedas. Y siempre es lo mismo. Las mismas páginas, las mismas fotos, los mismos recuerdos.
¿Qué me puede ofrecer el mundo virtual que no lo haga el real? ¿Respuestas? ¿Más preguntas? Quizás algo que no me haya enterado jamás hoy pueden verlo millones de personas en todo el planeta.
La velocidad de búsqueda de un navegador puede ser la misma que la de un recuerdo. Rápida y muchas veces confusa. Confusa porque en determinada pagina te dice que hay determinada información de aquella persona que estas buscando y no hay nada. Lo mismo pasa con el recuerdo. Quizás algo bueno en el que entras y te das cuenta que de bueno no tuvo nada, sin embargo, en el recuerdo, queda registrado como “algo bueno”.
Muy de vez en cuando quisiera que el tiempo vaya para atrás y el mundo gire al revés. Y lo único que consigo es que el tiempo siga su camino y yo me quedo sin saber que esta corriendo. ¿Acaso no me doy cuenta de lo que está pasando? Si, me doy cuenta pero no lo quiero aceptar. Pero no siempre pasa, solo algunas veces.
Entonces si vuelve a pasar seguramente estaré frente el monitor buscando su nombre en el buscador y será más de lo mismo, hasta que entienda que no todo pasado fue mejor.
“Harto de oír siempre las mismas palabras...”
Juan.-
Septiembre 2011.
domingo, 28 de agosto de 2011
GESTIÓN VARELA CORTOS Presenta: EN LA MULTITUD.
"En la multitud" es un proyecto de archivo extraído de Youtube con textos propios realizando en la Ciudad de Buenos Aires en agosto de 2011.
Guión: Juan Varela
Edición: Walter
Voz en off: Darío Contartese
Sonido: Diego Melzer
Música: The Beatles y Massacre
Imágenes: Youtube
Espero que les guste y nos vemos siempre!
Juan.-
Agosto 2011
jueves, 4 de agosto de 2011
Perfume y borcegos de mujer

Todas las noches, cuando vuelvo a casa de trabajar camino aproximadamente diez cuadras sobre la avenida Corrientes en un clima de aparente tranquilidad. Pero solamente aparente.
Desde hace varias semanas noté algo extraño en ese trayecto. ¿Más luces? ¿Más ruido? ¿Más gente? No, algo quizás no tan perceptible para mí: Un negocio de zapatos para mujer.
Jamás me han interesado los zapatos, y menos los de mujer, aunque en realidad era un negocio de calzado femenino en general. Pero tampoco importa, lo que realmente llamó mi atención fue otra cosa.
No se muy bien entre que calles queda, pero se que todas las noches paso por ese local de ventanales amplios con exposición de productos en vidriera, todo de blanco, muy minimalista y con dos vendedoras de veintipico sin mover la sonrisa esperando atraer alguna clienta.
Algo me atrajo, por supuesto que no fueron ni los zapatos ni las vendedoras ni el minimalismo. Fue algo más especial: Fue el olor.
Aunque sea invierno llamativamente el local siempre tiene las puertas abiertas y eso hace que los transeúntes entren sin tener que abrir la puerta de vidrio y en mi caso ser atraído por ese olor.
Era sin dudas una fragancia, un perfume, algo que emanaba de ese local a mi me tele transportaba no a un lugar ni a un momento, si no, a una persona.
Ahí me di cuenta que aunque el tiempo pase y trate de archivar recuerdos y algunos borrarlos para siempre un olor basta para tenerlos todos juntos devuelta. Como si fuera una maquina del tiempo encendida de lunes a viernes de 10 a 19 y sábados y feriados de 10 a 14.
Me hizo acordar a los cantos de sirenas en el mar. Esos que te endulzan los oídos y te conducen a la muerte. Una muerte casi placentera. Creí que si entraba al negocio podría llegar a morir, por eso jamás me animé a entrar. Aunque sea algo encantador.
Tenía miedo de averiguar que había allí y que las vendedoras y todos los zapatos se conviertan en ella y que me vuelva a mirar con esos ojos de mar profundo, esa sonrisa de hoyuelo y que lleve puestos esos borcegos chiquititos color verde que siempre usa en invierno.
Pero aunque parezca extraño no evito pasar por allí. Me atrevo a caminar noche a noche, tomar una bocanada de aire y seguir mi camino, sin mirar atrás, nunca más.
Es una lastima que todavía sigan haciendo negocios con la necesidad.
Juan.-
Julio 2011
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