Desde el inicio del tiempo existió la buena y la mala gestión.

En el principio fue el reinado de las grandes gestiones, cuyas hazañas quedaron para siempre en la memoria colectiva defendiendo a los indefensos, a los sin voz, a los necesitados de siempre combatiendo todo tipo de injusticia.

Pero con el paso del tiempo un extraño cambio dio vuelta la historia.

Algunas grandes gestiones fueron mutando, vendiendo sus lealtades, engañando a quienes los habían elegido para defenderlos, traicionando a sus propias palabras, pensando en su beneficio propio, olvidándose de todo y de todos.

Ya nadie sabía a quien creerle, cual era la mala y cual era la buena gestión.

Y fue así que surgió la otra gestión…la gestión que se pregunta, la que se cuestiona, la que está en contra de nadie y a favor de todos.

ESA GESTIÓN ESTÁ CRECIENDO EN ESTE INSTANTE...

domingo, 24 de octubre de 2010

MUCHACHO PUNK


Si, a vos te hablo. Quizás te sorprenda lo que te voy a decir, quizás te moleste, hasta te indigne y pueda que no te parezca justo, pero muy dentro mío hay algo que me dice que te diga lo que tengo para decirte: TE ODIO. ¿Y por que? No siempre hay una razón para odiar, como así tampoco puede haber una razón para amar y aunque el odio al igual que el amor muchas veces son irracionales y carecen de todo tipo de sentido convencional, creeme que en este caso no me faltan razones de las más justas para decirte TE ODIO.
Vos a mi no me conoces y por suerte yo a vos no te conozco, o por lo menos lo poco que pude conocerte ya me bastó para darme cuenta que sos una mala persona y por eso con más razón TE ODIO.
Estabas justo detrás mío, el viento soplaba fuertemente sobre nuestras cabezas. Había nervios, expectativa, ilusiones. Había un sueño dispuesto a ser cumplido. Las estrellas no salieron y la luna ocultaba toda su inmenciadad bajo unas nubes que prometían la más injusta de las lluvias torrenciales sobre el comienzo de un nuevo fin de semana de octubre en la ciudad de Buenos Aires.
El frío entraba y calaba por la débil campera Adidas y por los agujeros de mi gastado jean Bokura. Apuré un cigarrillo para calmar la ansiedad mientras me preguntaba como se pregunta alguien antes de morir: ¿Cómo será esto? ¿Cuento tiempo habré esperado este momento? ¿Qué irá a pasar? Muchas preguntas y todas las incertidumbres posibles.
De repente, como si algún Dios hubiera escuchado mis plegarias se apagaron las luces y por fin comenzó el show.
TE ODIO y te lo vuelvo a repetir sin miedo a ser redundante: ¿Por qué carajo me tenías que cantar casi todas las canciones? ¡Si no te vine a ver a vos! ¡No pagué 200 mangos para escucharte cantar! ¿Entonces porque lo hiciste? ¿Por que? Porque…
Te juro que siempre traté de ser buena persona, de ser honesto con mi trabajo y conmigo mismo, de ser atento, de escuchar, de ser comprensivo, de comprometerme con las cosas que me pasan, ¿Entonces porque carajo me haces esto? ¿Qué pude haber hecho para que la vida nos juntara? ¿Casualidad? ¿Causalidad? Yo no creo que en esas pelotudeses, yo creo en lo que veo y sobre todo en lo que escucho y justamente no estaba escuchando lo que venía a escuchar si no a una persona que más que persona era un yunque cantándome sobre la nuca.
Vos no era un muchacho Punk. Jamás debiste estar en ese lugar, de hecho jamás te deberían haber dejado comprar la entrada ni tus padres, si es que tenes, ni el forro del empleado que te la vendió porque no sos un muchacho punk.
Yo te vi y eras lindo. Eras tan lindo como las primeras flores de la primavera, como una puesta del sol sobre el mar. Tenías la piel blanca, suave, sin un grano, poro o imperfección. Sin barba, sin un pelo que delate que tuvieras aunque sea un bigote tipo sardina. Tenías unos ojos azules que podían abrir el mar rojo en dos como lo hiciera Moisés cuando liberó al pueblo judío y un pelo rubio fino, sedoso, bien peinadito con el detalle del flequillo tapando elegantemente tu ojo azul izquierdo que no te hubieras ni animado a cabecear una pelota aunque hagas hecho el gol para ganar un mundial con tal de no despeinarte.
Vos no eras un muchacho Punk. Porque tenías una polera negra, seguramente recién comprada, para cuidar el tan delicado cuello y pechito del viento que soplaba y mandaba al sonido del escenario a dar vueltas por el cielo argentino.
Aun así jamás dejaste de cantar. Jamás dejaste de cantar en ese “Inglish” tan perfecto de lord ingles tomando el té con su madre que hacia que tuviera ganas de vomitar y que seguramente aprendiste en alguna de esas academias de mierda donde te enseñan a pronunciar “Bloord” en vez de “Blur” o a escribir “Kurt Cobain” en vez de “Curcobein”.
Y que después de que tus papis hayan puesto una torta de guita para que seas un muchacho bilingüe y que tengas más oportunidades en este mundo tan competitivo malgastes tu talento y me vengas a mi que no se ni pedir un vaso de agua en ingles a cantarme casi todas las canciones de la banda que yo vine a escuchar y que encima de todo te me vengas a ser el punk a mi que, lejos de serlo, aunque sea, soy mucho más feo que vos.
Por eso TE ODIO, porque además de pronunciar a la perfección las canciones cantabas bien, afinado, pero muy maricón. Eras lo más parecido a un cantante de punk pop melódico californiano que vive encerrado en un “country” en la orqueta y que usa esas gorras de mierda y bermudas de 300 mangos y que seguramente debes ser el más punk dentro del barrio porque tus amigos seguramente escuchan esa vomitiva música electrónica de algún “DJ” con nombre de imbécil y que se debe cagar en todo lo que podemos llamar arte.
Como si todo eso fuera poco TE ODIO porque efectivamente no cantaste todas las canciones. ¿Falta de aire? ¿Consideración por las personas que estaban al lado tuyo? ¿Te sentiste un estúpido haciendo mierda esas hermosas canciones con ese ingles de nena británica o cantante de Smitten? No. Era porque no te las sabías. Te cataste un “Know Your Enema” y hasta se podría decir que agitaste y tiraste un “Ohhhh” con la introducción de la batería anticipándote a la canción que vendría como si nadie de las cuarenta mil personas que había lo supiera. Te emocionaste, gritaste y saltaste con un “Basket Case” o “Holiday” Pero no te escuché cantar en un “Burnout” “Coming Clean” o “Going To Pasalaqua” nisiquiera con “2000 Light Years Away” que es un tema viejo pero lo tocan todo el tiempo. ¿Por qué? Porque no sos un muchacho Punk.
Como si fuera poco gritaste el “Hey oh let´s go” de “Blitzkrieg Bop” pero por desgracia no te sabías la letra, no quería ni imaginarme que no supieras que esa canción era de los Ramones ni mucho menos que supieras que si no fuera por los Ramones esa banda que estabas viendo conmigo jamás hubiera existido. Por eso más lo pienso y más TE ODIO.
No sos un muchacho Punk por más que te precies de serlo, por más que cantes bien y pronuncies en un ingles perfecto nunca lo fuiste.
Te juro que en ese momento tuve ganas de darme vuelta y gritarte: “CANTA AHORA HIJO DE PUTA, CANTÁ” pero no me animé, solo vi que te movías con el ritmo como si las conocieras pero vos y yo sabemos que no las conocías, pero no querías dejar de tener esa pose de muchacho Punk.
Debo confesar que pude haberme ido de donde estaba, de buscar otro lugar para estar más cómodo, para dejar de escucharte, pero decidí quedarme ahí porque acusaba una buena vista y sonido, quizás en otro lado hubiera perdido cierta comodidad y altura por estar arriba de una montañita que no era más que un especie de puente por donde pasaban los cables que iban a la torre de sonido.
¿Ya te dije que te odiaba no? Auque no te lo pude decir porque en un momento cuando creía acostumbrarme y condenarme a tu idiotez me di vuelta y ya no estabas. Creí entonces que había ganado una batalla que jamás libré y que mi contrincante jamás se enteró. ¿Ganó el Punk? ¿Ganamos los feos? ¿O simplemente decidió dejar su voz en el viento y ganarse el odio en otras latitudes del predio de costanera sur? Jamás lo sabré.
Terminó el recital y me fui por donde vine, en silencio, con la cabeza baja creyendo que había estado en el lugar exacto, en el momento preciso donde sin lugar a dudas había visto uno de los mejores shows de mi vida. Prendí un cigarrillo y me perdí en la multitud y nunca más supe de él.
Quizás ahora entiendas porque TE ODIO. Lo único que espero es que lo hayas disfrutado tanto como yo y que el día de mañana le cuentes a tus nietos que fuiste a ver el show más increíble de Green Day y que a partir de ese momento tu vida cambió radicalmente.
Recién ahí tendrás el honor de considerarte un muchacho Punk. Mientras tanto deseo no saber nada más de vos por el bien de mi poca actitud Punk que me queda y de mi salud mental.

Juan.-
Octubre 2010.

3 comentarios:

  1. Sid Vicious se revolcaría en su tumba. (?)

    Que se yo, las generaciones cambian, el rock se volvió más light.

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  2. Si!!! me uno a tu Causa !!!! yo tambien TE ODIO pendejo choto, que garron tantos años esperando a Green Day para que un boludo te venga a cagar el recital. Cuando escuche Going to Pasalaqua me fui en seco.

    Salutte

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